¿Cuáles son los medios que ayudan a los musulmanes a superar los trucos en que Satanás les hace caer y que les afectan en su prédica e invitación al Islam, como la desesperación, la timidez, la pereza, etc?
Alabado sea Allah
Luego de examinar los obstáculos de la desesperación, la
timidez y la pereza, que están entre los más serios obstáculos enfrentados
por los predicadores, podemos sugerir dos importantes remedios que ayudarán
a enfrentar estos desafíos:
En primer lugar, recordar la inmensa recompensa y la gran
virtud que nos aguarda junto a Dios, glorificado y exaltado sea. Quien está
seguro que Dios es Quien le ha garantizado esta recompensa, y que Él lo está
mirando, cuando está guiando a la gente hacia Él y mostrándoles Su camino,
no vacilará ni por un momento en persistir en sus esfuerzos y continuar en
ese camino, y sobreponerse a todo lo que le llame a la desesperación, la
pereza y la timidez. El predicador sabio es aquél que tiene en mente
constantemente los versos que albrician a los que difunden la religión y a
aquellos que enseñan el bien a su prójimo, como por ejemplo los versos en
que Dios dijo (traducción del significado):
“Albríciales
[¡Oh, Muhammad!] a los creyentes que se arrepientan, adoren a Allah
fervientemente, Le glorifiquen, ayunen, se inclinen y se prosternen [en las
oraciones], ordenen el bien y prohíban el mal, y respeten Sus preceptos [que
ingresarán al Paraíso]”
(at-Tawbah 9:112).
“Por
cierto que quienes dicen: Nuestro Señor es Allah y obran correctamente,
descienden sobre ellos los Ángeles [en la agonía de la muerte y les dicen:]
No temáis [a la muerte y a lo que vendrá después de ella] ni os apenéis [por
la separación con vuestros familiares], sino alegraos con el Paraíso que se
os prometió [como recompensa]. Nosotros somos vuestros protectores en la
vida mundanal y en la otra; sabed que tendréis allí todo cuanto deseéis y se
os concederá lo que pidáis. Ésta es la recompensa del Absolvedor,
Misericordioso. Quién puede expresar palabras más bellas que aquel que
exhorta a los hombres a creer en Allah, obra rectamente, y dice:
¡Ciertamente me cuento entre quienes se someten a Allah!’”
(Fússilat 41:30-33).
Leer biografías de los predicadores que convocaron a la gente
hacia Dios, y concentrarse en la biografía del líder de todos ellos,
Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), para averiguar
las grandes metas de estos predicadores, aprender de ellos y de su ejemplo,
y constatar que ellos no fueron perezosos, no tuvieron miedo ni
desesperación. Más bien, la consigna de todos ellos fue la que el Profeta
Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) mencionó cuando
el ángel de la montaña pensó que él había desesperado de su gente, y le
ofreció destruirlos por la orden de Dios, pero el Profeta (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) le respondió con confianza y certeza: “Más
bien, espero que Dios haga salir de sus descendientes a aquellos que Le
adorarán sólo a Él sin asociarle nada”. Narrado por al-Bujari (3231) y
Muslim (1795).
¿Qué desesperación puede quedarle al predicador luego de
contemplar esta gran determinación? ¿Qué timidez puede quedarle luego de que
vea lo que sus nobles compañeros y los nobles eruditos enfrentaron para
traernos el mensaje de la religión hasta la actualidad? ¿No murieron acaso
miles de las mejores personas por esta causa? ¿No fueron miles de las más
rectas personas, perseguidas por esta causa? ¿No fueron acaso probados con
la cárcel y las privaciones, un número que sólo Dios conoce? ¿Qué virtud
puede esperarse para quien se sienta en su casa y falla en difundir la
religión de Dios, y auxiliar a la verdad y la justicia en este mundo?
¿Piensa acaso que será igual a aquellos que encomendaron la justicia y
siguieron el camino recto? ¿O piensa que las balanzas en el día de la
resurrección no mostrarán las buenas obras de la gente, cuando muchas
generaciones han pasado antes que nosotros y nos han mostrado su
determinación en este campo? Quien estudia las historias de vida de estos
piadosos predecesores y medita en sus hazañas se sentirá motivado al
esfuerzo, y será inspirado como las primeras generaciones fueron inspiradas.
Jálid ibn Walíd (que Allah esté complacido con él) dijo: “Que los ojos de
los cobardes nunca descansen”. Narrado por Ibn ‘Asákir en Taríj Dimashq.
El Dr. Sayíd al-‘Affáni (que Dios lo preserve) dijo:
“Áhmad ibn Dawod Abu Sa’íd al-Wásiti dijo:
“Entré a visitar a Áhmad cuando estaba en prisión, antes de
que fuera golpeado, y le dije entre otras cosas: “Oh, Abu ‘Abd Allah, hay
gente que depende de ti y tienes hijos jóvenes, y estás excusado”. Fue como
si yo lo estuviera animando a decir algo (cuando fue interrogado) que lo
salvara del problema. Áhmad ibn Hánbal me dijo: “Si esto es lo que piensas,
Oh, Abu Sa’íd, ¡entonces estarás a salvo!”.
Cuántas veces se les dicen tales cosas a los predicadores hoy
en día, y cuánta gente tiene conocimiento del Islam y sin embargo se dicen a
sí mismas algo similar, y luego se sienten tímidos y retraídos, y no siguen
los pasos de los predicadores. Más bien, estas son las palabras de quien no
quiere correr riesgos, como el Imam Áhmad dijo. Sobre quien su corazón ha
sido tocado pro la situación de los musulmanes, ¿cómo puede buscar
seguridad? ¿Cómo puede permitirse que su esposa e hijos sean la causa de que
resuelva abandonarse a la debilidad y se abstenga de apoyar el llamado a la
religión de Dios?
¿Es la muerte otra cosa que algo definitivo que sobrevendrá
en el momento designado?
“Nadie
puede morir sino es por el designio de Allah y según el plazo prefijado.
Quien desee la recompensa de esta vida mundanal se la otorgaremos, y quien
quiera la recompensa de la otra vida también se la otorgaremos.
Y retribuiremos a los agradecidos”
(Ali ‘Imrán, 3:145).
Trabajando por el Islam no se apresurará la muerte, sino que
se elevará uno mismo en los niveles más altos del Paraíso.
Si el musulmán no está con Áhmad, o con los herederos de
Áhmad, y permanece ocioso por alguna excusa, entonces se sentirá apenado o
defraudado por sí mismo cuanto menos, porque no se cuenta entre la gente que
se esforzó en convocar a las personas hacia Dios. Como le respondieron al
asceta Bíshr ibn al-Háriz al-Háfi, en el día en que Áhmad ibn Hánbal fue
castigado: “Áhmad ibn Hánbal ha sido azotado con setenta latigazos”. Bíshr
extendió su pierna y comenzó a mirar su pantorrilla y dijo: “Cuán fea es
esta pantorrilla, que no tiene cadenas a su alrededor por apoyar a este
hombre”.
El musulmán sincero, si encuentra una excusa para sí mismo o
para quedarse atrás y no unirse al destino de los predicadores, por temor a
la discordia o a la persecución de los tiranos, o por alguna razón legítima
o debilidad que ve en sí mismo, debe continuar criticándose y reexaminando
las conclusiones a las que ha llegado, y hablar bien de los que son
pacientes, los valientes y los dedicados a la difusión de la religión. Sobre
quien está controlado por sus caprichos y deseos, y argumenta y vocifera,
usando palabras rudas para que nadie lo acuse de quedarse atrás, y en su
argumento combina el error de retrasarse y el de criticar a aquellos que
hacen bien (Dios no lo permita)”. Fin de la cita de Salah al-Ummah fi ‘Uluw
al-Himmah, 2/100-102.
Para más información, por favor consulta el capítulo titulado
Haifa ta’lu al-Himam en el séptimo volumen del libro Salah al-Ummah fi ‘Uluw
al-Himmah, página 285-367, en el cual se han mencionado 33 medios para
incrementar nuestra determinación y sobreponernos a las incapacidades y la
pereza.
Te aconsejamos leer el capítulo ‘Uluw al-Hímmah fi ad-Da’wah
ila Allah (2/141-5), el ensayo de al-Hawr ba’d al-Kawr, por el shéij
Muhámmad ibn ‘Abd Allah ad-Duwaish (que Dios lo preserve), y también el
ensayo ‘Ayz az-Ziqat, por el shéij Dr. Muhámmad Musa ash-Sharif (que Dios lo
preserve).
Y Allah sabe más.
