Quisiera que alguno de los hermanos me ayude a encontrar algunas fuentes de información acerca de la Emigración del Profeta, o Híyrah, porque estoy haciendo una investigación sobre ello

Alabado sea Dios

Cuando la persecución de la gente de La Meca contra los
musulmanes se intensificó, Dios les ordenó a los musulmanes emigrar, para
que puedan establecer la religión de Dios en una tierra donde pudieran
adorarle. 

Dios escogió Medina como la tierra de emigración por la causa
de Dios. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean
con él) vio en un sueño que él estaba emigrando a esa ciudad. 

Se narró de Abu Musa que el Profeta Muhámmad (que la paz y
las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Vi en un sueño que estaba
emigrando desde La Meca a una tierra en la cual había palmeras datileras, y
pensé que era al-Iamámah o Háyar, pero resultó ser al-Madina, Iázrib…”.
Narrado por al-Bujari, 3352; Muslim, 4217. 

Al-Bujari (3906) narró que ‘Aa’ishah (que Allah esté
complacido con ella) dijo: “El Profeta Muhámmad (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) dijo a los musulmanes: “Se me ha mostrado
la tierra a la cual emigrarán: tiene palmeras datileras entre dos campos de
piedra volcánica, dos yacimientos de piedra”. Entonces algunos emigraron a
Medina, y la mayoría de quienes habían emigrado previamente a la tierra de
Etiopía, regresaron a Medina”. 

Al-Háfiz dijo: 

“Al-Harrah (yacimientos pétreos) es una sitio donde la piedra
es negra. Este sueño fue diferente de los sueños mencionados arriba en el
reporte de Abu Musa, en el cual el Profeta Muhámmad (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) no estaba seguro dónde estaba esa tierra.
Ibn at-Tín dijo: “Al Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él) se le mostró la tierra de la emigración en una forma que podía
aplicarse a Medina o a otros lugares, entonces se le mostró la
característica que es única de Medina, entonces se le hizo claro qué tierra
era”. 

Con respecto a los primeros compañeros del Profeta (que Dios
esté complacido con ellos) en emigrar: 

Se narró que al-Bará’ (que Dios esté complacido con él) dijo:
“Los primeros que vinieron a nosotros de los compañeros del Profeta (que la
paz y las bendiciones de Allah sean con él) eran Mus’ab ibn ‘Umair y Ibn Úmm
Maktum. Ellos comenzaron a enseñarnos el Corán. Luego llegaron ‘Ammár, Bilal
y Sa’d, luego ‘Umar ibn al-Jattáb llegó con veinte más. Luego el Profeta
Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó, y yo
nunca había visto a la gente de Medina regocijarse más que en ese día. Se
regocijaron tanto que yo vi a las muchachas y los niños diciendo: “Este es
el Mensajero de Dios, ¡ha llegado!”. Narrado por al-Bujari, 4560. 

El siguiente reporte resume muchos de los eventos de la
emigración del Profeta: 

Se narró que ‘Aa’ishah (que Allah esté complacido con ella)
dijo: “El Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con
él) dijo a los musulmanes: “He visto en un sueño la tierra a la cual
emigrarán: tiene palmeras datileras entre dos campos de piedra volcánica,
dos yacimientos de piedra”. Entonces algunos emigraron a Medina, y la
mayoría de quienes habían emigrado previamente a la tierra de Etiopía,
regresaron a Medina. Abu Bákr también preparó su partida para Medina, pero
el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) le
dijo: “Espera un poco, porque tengo la esperanza de que se me permita
emigrar también”. Entonces Abu Bákr dijo: “¿Ciertamente esperas eso? ¡Que mi
padre sea sacrificado por ti!”. El Profeta respondió: “Sí”. Entonces Abu
Bákr se quedó detrás esperando al Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él), para acompañarlo. Alimentó dos camellas
que tenía con hojas de Namur (un árbol) por cuatro meses. 

Un día, mientras estábamos sentados en la casa de Abu Bákr al
mediodía, alguien le dijo: “Este es el Mensajero de Dios con su cabeza
cubierta, llegando en un tiempo en el cual nunca solía visitarnos antes”.
Abu Bákr dijo: “Que mi madre y mi padre sean sacrificados por él. Por Dios,
que él no ha venido a esta hora excepto por algo importante”. Entonces el
Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) llegó
y pidió permiso para entrar, y fue admitido. Cuando ingresó, le dijo a Abu
Bákr: “Dile a todos los que están presentes contigo que se vayan”. Abu Bákr
respondió: “No hay nadie aquí excepto tu familia. ¡Que mi padre y mi madre
sean sacrificados por ti, Oh Mensajero de Dios!”. El Profeta dijo: “Se me ha
dado permiso para emigrar”. Abu Bákr dijo: “¿Te acompañaré?”. El Mensajero
de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: “Sí”.
Abu Bákr dijo: “Oh, Mensajero de Dios, que mi padre y mi madre sean
sacrificados por ti, toma uno de estos camellos míos”. El Mensajero de Dios
(que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) respondió: “(Aceptaré)
pagándolo”. Entonces preparamos el equipaje rápidamente y pusimos algo de
comida para la jornada en una bolsa de cuero, para ellos. Asmá’, la hija de
Abu Bákr, cortó una pieza de su cinturón y ató la abertura de la bolsa de
cuero con ella, y por eso fue llamada Dat un-Nitaqain (es decir, la dueña de
los dos cinturones). 

Luego el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de
Allah sean con él) y Abu Bákr alcanzaron la caverna de la montaña de Záwr y
se quedaron allí por tres noches. ‘Abd Allah ibn Abu Bákr, que era un joven
inteligente y sabio, se quedó (con ellos) a pasar la noche. Los dejó antes
de romper la aurora, para estar con los Qureish en la mañana, como si
hubiera pasado la noche en La Meca. Él tenía en mente el complot hecho
contra ellos, y cuando se ponía oscuro, volvía con ellos y les informaba.
‘Ámir bin Fuhairah, el esclavo liberto por Abu Bákr, solía traerles leche de
oveja (de Abu Bákr), durante la noche. Entonces ellos siempre tenían leche
fresca durante la noche, la leche de sus ovejas. ‘Ámir bin Fuhairah se
llevaba entonces el rebaño cuando estaba todavía oscuro, antes de que
rompiera la aurora. Hizo lo mismo en cada una de las tres noches. El
Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu
Bákr había contratado a un hombre de la tribu de los Bani ad-Dail, de la
familia de Bani ‘Abd ibn ‘Adíy, como un guía experto… él era de la religión
de los infieles de Quraish, pero el Profeta y Abu Bákr confiaban en él y le
dieron sus dos camellas y le encargaron que las traiga a la caverna de la
montaña de Záwr en la mañana, luego de que hubieran pasado tres noches. Y
cuando salieron, ‘Ámir bin Fuhairah y el guía fueron con ellos y los guiaron
a lo largo de la costa”. 

Ibn Shihab dijo: “’Abd er-Rahmán ibn Málik al-Mudliyi, quien
era el sobrino de Suraqah ibn Málik ibn Yu’sham, me dijo que su padre le
informó que él oyó a Suraqah ibn Yu’sham decir: “Los mensajeros de los
incrédulos de Qureish llegaron y nos dijeron que habían designado personas
que matarían o arrestarían al Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) y a Abu Bákr, una recompensa igual a su
precio de sangre. Mientras estaba sentando en una de las reuniones de mi
tribu, los Bani Mudlich, un hombre de ellos llegó y se paró mientras
estábamos sentados, y dijo: “¡Oh, Suraqah! Sin duda, he visto a algunas
personas lejos en la costa, y pienso que son Muhámmad y sus compañeros”.
Suraqah agregó: “Yo también me di cuenta que debían ser ellos. Pero le dije:
“No, no son ellos, viste a fulano de tal y a mengano, a quienes vimos
partir”. Me quedé en la reunión por un tiempo y entonces me puse de pie y me
fui a mi casa. Le ordené a mi esclava tomar mi caballo que estaba detrás en
un montículo, y lo alisté para mí. 

Luego tomé mi lanza y salí por la puerta de atrás de mi casa,
manteniendo la punta de mi lanza baja, cerca del suelo. Fui hasta mi
caballo, monté en él y salí al galope. Cuando me aproximé a ellos (es decir,
a Muhámmad y Abu Bákr), mi caballo tropezó y caí de él, luego me paré,
sosteniendo mi aljaba, saqué mis flechas de adivinación extraje muchas, como
para saber si debía atacarlos o no, y salieron la mayoría que no me
gustaban. Pero volví a montar mi caballo y lo dejé galopar, no dándole
importancia a las flechas. Cuando oí la recitación al Mensajero de Dios
recitando el Corán, que no estaba mirando, aunque Abu Bákr sí lo hacía,
repentinamente las patas delanteras de mi caballo se hundieron en el suelo
hasta las rodillas, y me caí de él. Reprendí a mi caballo y se paró, pero
difícilmente podía levantar sus patas del suelo, y cuando se puso de pie
nuevamente, sus patas levantaron una polvareda que se veía en el cielo como
humo. Luego nuevamente saqué un montón de flechas de adivinación, y la
mayoría que me disgustaban, salieron. Entonces los llamé para dejarles saber
que estaban seguros. Ellos se detuvieron, y yo monté nuevamente mi caballo y
me alejé. Cuando vi las dificultades con las que me encontré para atacarlos,
vino a mi mente la idea de que la causa del Mensajero de Dios (que la paz y
las bendiciones de Allah sean con él) saldría victoriosa. Entonces le dije
“Tu gente ofrece una recompensa igual al precio de sangre por tu captura”.
Entonces les conté todos los planes que los mecanos habían hecho acerca de
ellos. Les ofrecí algo de comida y bienes para el viaje, pero rehusaron
tomar nada y no me pidieron nada, excepto que el Profeta (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) me dijo: “No les digas a los demás acerca
de nosotros”. Entonces le pedí que escriba para mí una garantía de
seguridad. Él ordenó a ‘Ámir bin Fuhairah escribirla para mí en un pedazo de
cuero, y luego el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él) siguió su camino”. 

Ibn Shihab también dijo: “’Urwah ibn az-Zubair me dijo: “El
Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se
encontró con az-Zubair en una caravana de mercaderes musulmanes que estaban
volviendo de Siria. Az-Zubair les dio al Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) y a Abu Bákr un regalo, vestimentas
blancas. Cuando los musulmanes de Medina oyeron las noticias de la partida
del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) de
La Meca, comenzaron a ir a al-Harrah (los dos campos de piedra volcánica)
cada mañana. Lo esperaban hasta que el calor del mediodía los forzaba a
retornar. Un día, después de esperar por largo tiempo, regresaron a sus
hogares y cuando habían ingresado en sus casas, un judío trepó sobre el
techo de uno de los fuertes de su gente para mirar algo, y vio al Mensajero
de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y a sus
compañeros vestidos con vestimentas blancas, como si estuvieran emergiendo
como un espejismo del desierto. 

El judío gritó al tope de su voz: “¡Eh, árabes! ¡Aquí está el
gran hombre por el que ustedes estaban esperando!”. Entonces todos los
musulmanes se apresuraron a juntar sus armas y salieron al encuentro del
Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) sobre
el campo de piedra volcánica. El Profeta volvió con ellos a la derecha cerca
de él, en la tierra de los Banu ‘Amd ibn ‘Awf. Este fue un lunes del mes de
Rabi’ al-Áwwal. Abu Bákr se paró, recibiendo a la gente mientras el
Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) se
sentó y mantuvo silencio. Algunos de los medinenses que habían llegado y no
habían visto antes al Mensajero de Dios, comenzaron a saludar a Abu Bákr,
pero cuando el brillo del sol calló sobre el Mensajero de Dios (que la paz y
las bendiciones de Allah sean con él) y Abu Bákr se adelantó y le dio sombra
con su capa, sólo entonces la gente se dio cuenta de quién era el Mensajero
de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). 

El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él) se quedó con los Bani ‘Amr ibn ‘Awf por diez noches, y
estableció una mezquita (la mezquita de Quba’), que fue fundada en la
piedad. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con
él) rezó en ella y luego montó su camella y se fue, acompañado por la gente,
hasta que su camella se arrodilló (en el lugar de) la mezquita del Mensajero
de Dios en Medina. Algunos musulmanes solían rezar en ella en esos días, y
ese lugar era una tierra para secar dátiles perteneciente a Suhail y Sáhl,
los dos muchachos huérfanos que estaban bajo la guardia de As’ad ibn
Zurarah. Cuando su camella se arrodilló allí, el Mensajero de Dios (que la
paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Este lugar, quiera Dios,
será nuestra lugar”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de
Allah sean con él) entonces llamó a los dos muchachos y les pidió ponerle un
precio a esa tierra, para que él pudiera tomarla como mezquita. Los dos
muchachos dijeron: “No, pero nosotros te la daremos como regalo, ¡Mensajero
de Dios!”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean
con él) rehusó tomarla como regalo, e insistió en comprárselas, y luego
construyó su mezquita allí. El Profeta Muhámmad mismo comenzó a acarrear
ladrillos crudos para su construcción y mientras lo hacía, dijo: “Esta carga
es mejor que la carga de Jaibar, porque es más piadosa a la vista de Dios,
más pura y mejor recompensado”. 

Y también dijo: “¡Oh, Dios! La verdadera recompensa es la
recompensa del Más Allá, por lo tanto, concede Tu Misericordia a los Ansar
(auxiliantes de Medina) y los Muhayirín (emigrantes de La Meca)”. 

Así el Profeta Muhámmad recitó (a modo de proverbio) el poema
de algunos musulmanes poetas cuyo nombre es desconocido para mí”. 

Ibn Shiháb también dijo: 

“No escuchamos en ningún reporte que el Mensajero de Dios
(que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) recitara ninguna línea
completa de poesía excepto ésta”. Narrado por al-Bujari, 3906. 

Pero existe un argumento capcioso lanzado por algunos que
quieren atizar dudas sobre el Islam. Dicen que la biografía narra que el
Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y Abu
Bákr emigraron con dos camellas, y ellos entraron a la cueva, y los Qureish
los persiguieron; si ellos tenían dos camellas con ellos, la gente habría
sabido que Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y su
compañero habían entrado a la caverna. Entonces, ¿dónde estaban las
camellas? 

Estos argumentadores buscan poner en duda el Islam para que
la gente no crea en la biografía del Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él), y hacerles pensar que la biografía está
basada en mitos y mentiras. 

La respuesta a este argumento capcioso es muy simple. El
reporte citado arriba, el cual estos argumentadores no conocen o simplemente
ignoran, nos dice que el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de
Allah sean con él) había contratado a un guía para que les mostrara el
camino, y aún cuando este guía era seguidor de la religión idólatra de la
tribu de Qureish, ellos confiaron en él. Entonces, ellos le dieron sus
monturas y le encargaron que las trajera de vuelta con ellos a la cueva de
Záwr, después de que hubieran pasado tres noches. 

Este reporte claramente refuta su argumento, y le pone un
fin. Alabado sea Dios por guiarnos luego de que estábamos extraviados. 

Otra cosa que sucedió al Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) y a Abu Bákr en su viaje de emigración a
Medina: 

Se narró que Abu Bákr (que Dios esté complacido con él) dijo:
“Le dije al Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con
él), cuando estaba en la caverna, “Si alguno de ellos mira bajo sus pies,
nos verá”. Él respondió: “¿Qué piensas, Abu Bákr, de dos personas entre
quienes Dios es El tercero?”. Narrado por al-Bujari, 3380; Muslim, 4389. 

Este es un resumen de los eventos acontecidos durante la
Emigración. Quien quiera saber más puede consultar referencias en al-Bidaiah
wa an-Nihaiah, por Ibn Kázir, 4/168-205. 

Y Allah sabe más.