Quisiera saber si es correcto el comentario del imam Muyáhid sobre el verso en el cual Dios dijo: “Y también en parte de la noche levántate a realizar oraciones voluntarias, para que tu Señor te conceda un lugar elogiado” (Al-Isra’, 17:79). Él dijo que Dios, glorificado y exaltado sea, sentaría al Profeta Muhámmad con Él a los pies de Su Trono.

Alabado sea Dios

Alabado sea Dios, y que
la paz y las bendiciones de Dios sean con Su Mensajero. 

La adoración (en árabe
‘ibadah), significa humildad y sumisión ante el Creador del universo. Los
musulmanes árabes usan la frase ‘tariq mu’abbad’ para describir el dulce
camino que ha sido suavizado por los miles de millones de pies que lo han
caminado. 

En la terminología
islámica la palabra adoración es usada en dos sentidos: 

1) Para designar los
actos de una persona, tal como pagar la caridad obligatoria, que es
descripta como un acto de adoración. 

Los eruditos la definen
como obedecer a Dios haciendo lo que Él ha ordenado y evitando lo que Él ha
prohibido, con amor y temor hacia Él, y poniendo nuestra confianza en Él. 

2) También se refiere a
una acción en sí misma en términos abstractos, como la oración, el ayuno,
etc. Los eruditos la definen como todo acto o palabra que Dios ama y con la
cual está complacido.

Todas las acciones
encomendadas por el Islam son llamadas actos de culto (‘ibadat), porque la
gente las realiza con humildad y con amor a Dios. Por cierto que en la
adoración a Dios debe haber amor y sumisión a Él. 

Dios nos ha dicho que el
propósito último detrás de la creación de los genios y de la humanidad es
que Le adoremos a Él solamente, sin compañero ni asociado. Dios dijo
(traducción del significado): 

Por cierto que he
creado a los genios y a los hombres para que Me adoren
” (Ad-Dariyat,
51:56). 

¿Cómo podríamos lograr
este propósito y cumplir con esta meta? 

Mucha gente piensa que
los actos de culto se limitan a los rituales que Dios ha encomendado, que
deben realizarse en ciertos momentos, tales como la oración y el ayuno, y
que este es el fin del asunto. Pero esto no es así. 

¿Cuánto toma a los
musulmanes realizar estos rituales de culto cada día y cada noche? ¿Cuánto
le lleva a lo largo de toda su vida? ¿Y qué pasa entonces con el resto de su
vida y con el resto de sus energías? 

Si la persona fuera a
gastar todo el tiempo que le queda en cosas que no implicaran adorar a Dios,
¿cómo podría cumplir este objetivo para el cual Dios lo ha creado? ¿Cómo
podría cumplir con las palabras de Dios “Diles: Por cierto que mi
oración, mi oblación, mi vida y mi muerte pertenecen a Allah, Señor del
Universo
” (Al-An’am, 6:162)? 

La adoración a Dios es
un asunto que abarca toda la vida del musulmán. Cuando el musulmán se
esfuerza en buscar su provisión de manera lícita está adorando a Dios,
porque Dios le ha ordenado hacer eso.
Dios dijo (traducción del
significado): 

Él es Quien os ha
hecho propicia la Tierra [para que viváis en ella]. Transitad, pues, por sus
caminos y comed de Su sustento, y sabed que compareceréis ante Él

(Al-Mulk, 67:15). 

Cuando el musulmán
duerme, duerme para recuperar fuerzas y adorar a Dios, como Mu’adh Ibn Yabal
(que Dios esté complacido con él) dijo: “Busco recompensa por mi sueño así
como busco recompensa por interrumpirlo para levantarme a la noche a rezar”.
Narrado por Al-Bujari, 4342. 

Ciertamente, el musulmán
es aquel que no se conforma con realizar sus actividades diarias a menos que
complazcan a Dios, ya sea comer, beber o mantener relaciones maritales, como
el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)
dijo: “En las relaciones íntimas de cada uno de ustedes hay una caridad (es
decir, una buena obra)”. Ellos le respondieron: “Oh, Mensajero de Dios, si
satisfacemos nuestros deseos, ¿seremos recompensado por ello?”. Él
respondió: “Acaso no seréis castigados si satisfacéis vuestros deseos
recurriendo a lo ilícito?”. Y ellos respondieron: “Sí”. Y él replicó: “De la
misma forma, si satisfacéis vuestros deseos de manera lícita, seréis
recompensados”. Narrado por Muslim, 1006. 

La forma de alcanzar
este elevado estatus es que el musulmán siempre recuerde que Dios, sin
importar lo que la persona esté haciendo, Dios lo está viendo, y que siempre
está en una situación en que puede hacer algo que a Dios le complazca o que
a Dios le enfurezca. Si hace algo que a Dios le complace, entonces que alabe
a Dios y que haga más de lo mismo. Y si hace algo que a Dios le enfurece,
que se arrepienta ante Él y que busque el perdón de Dios, tal como Él
describió a Sus piadosos servidores cuando Él dijo (traducción del
significado): 

Aquellos que al
cometer una obscenidad o iniquidad invocan a Allah pidiendo perdón por sus
pecados, y no reinciden a sabiendas, sepan que sólo Allah perdona los
pecados. 136. Para ellos la retribución será alcanzar el perdón de su Señor
y jardines por donde corren los ríos, en los que estarán eternamente. ¡Qué
hermosa recompensa para quienes obraron correctamente!
” (Aal ‘Imrán,
3:135-136). 

Esta es la forma en la
cual nuestros rectos predecesores comprendieron la adoración a Dios. Ellos
no la limitaron solamente a los rituales y a los momentos en que realizaban
estos rituales, y convirtieron el resto de su vida también en una forma de
culto. Más bien, ellos tenían la sensación de que su vida entera estaba
dedicada a la oración y que los rituales eran momentos en los cuales ellos
se concentraban y renovaban su energía espiritual para tener la fuerza para
realizar todos los demás actos de culto. Por eso ellos prestaban tanta
atención a los actos de culto, de la misma forma que un viajero presta mucha
atención a los suministros que llevará durante su viaje. 

Ellos eran como Dios los
describió (traducción del significado): 

Aquellos que invocan
a Allah estando de pie, sentados o recostados, meditan en la creación de los
cielos y la Tierra y dicen: ¡Señor nuestro! No has creado todo esto en vano
¡Glorificado seas! Presérvanos del castigo del Fuego
” (Aal ‘Imrán,
3:191). 

Ellos recordaban a Dios
en todas las circunstancias, tanto mentalmente como verbalmente. Su temor
reverencial a Dios y su idea de la grandeza de Dios estaba constantemente
presente en sus mentes, en todo lo que ellos hicieran o dijeran. Si alguno
de ellos cometía un error se corregía a sí mismo como se describió en el
verso citado arriba del capítulo Aal ‘Imrán. 

Debemos notar que el ser
humano es adorador por naturaleza, y que la adoración es parte esencial de
su carácter. Por lo tanto, el ser humano adorará a Dios solamente, sin
atribuirle compañero ni asociado, o adorará cualquier otra cosa junto con Él
o en lugar de Él. Esta última clase de culto es la que Dios definió como el
“culto de Satanás”, porque es una respuesta a la llamada de Satanás.
Dios dijo (traducción del
significado): 

¿Acaso no tomasteis
un compromiso conmigo ¡Oh, hijos de Adán! de no obedecer y adorar a Satanás,
porque él es un enemigo evidente para vosotros
” (Ya-Sin, 36:60). 

El ser humano no puede
adorar al mismo tiempo a Dios y a Satanás: 

¿Acaso quien camina
cabizbajo y tropezando [sumergido en la incredulidad] está mejor encaminado
que quien transita erguido [firme en la fe] por el sendero recto?

(Al-Mulk, 67:22). 

¿Acaso se pueden
equiparar el ciego y el vidente? ¿O las tinieblas y la luz? ¿O es que
aquello que Le atribuyen a Allah ha creado algo como lo hace Él, por lo que
os confundisteis y creísteis que debíais adorarlo? Diles: Allah es Quien ha
creado todas las cosas, y Él es Único, Victorioso
” (Ar-Ra’d, 13:16). 

Satanás intenta conducir
al ser humano gradualmente lejos del culto a Dios. A veces triunfa
temporalmente, como en el caso de un pecado cometido, como el Profeta
Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Nadie
que mantiene relaciones sexuales ilícitas es un creyente cuando lo está
cometiendo, y ningún ladrón es un creyente en el momento de robar”. Narrado
por Al-Bujari, 2475; Muslim, 57. 

En ocasiones, Satanás
tiene un éxito completo y corta la conexión que esta persona tiene con Dios,
de tal manera que la persona comete pecados peores. Buscamos refugio en Dios
de eso. 

En ocasiones, el culto a
Satanás consiste en obedecer los propios caprichos y deseos, como Dios dijo
(traducción del significado): 

¿Acaso crees [¡Oh,
Muhammad!] que puedes velar por las obras de quienes hacen todo lo que les
dictan sus pasiones?
” (Al-Furqán, 25:43). 

La persona gobernada por
sus caprichos e impulsos hace cualquier cosa que le agrade y se abstiene de
cualquier cosa que no le agrade, por lo tanto es como si se adorara a sí
mismo como a un dios. Otro caso es la gente que adora al dinero, como el
Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
“Que perezca el esclavo del dinero y de la ropa elegante; si la tiene está
complacido, y si no la tiene está decepcionado y furioso. Que perezca y que
si se clava una espina no encuentre a nadie dispuesto a quitársela”. Narrado
por Al-Bujari, 2887. 

Esto se aplica
básicamente a todo aquel cuyo corazón o mente está aferrada a cualquier otra
cosa que Dios, incluso a sus propios deseos mundanos. Si obtiene lo que
busca está feliz, y si no lo obtiene está decepcionado y furioso. Por lo
tanto, es un esclavo de sus deseos porque la esclavitud aquí se refiere de
hecho a la esclavitud de la mente. Cuanto más esclavo es de sus caprichos
más débil es su sumisión a Dios, de tal forma que si su esclavitud es muy
fuerte le impide aferrarse a la religión, convirtiéndose en un idólatra y en
un incrédulo. Si él debe abstenerse de los deberes obligatorios de la
religión para cumplir sus caprichos y deseos, o si debe recurrir a lo
ilícito para ello, lo hará, y esto afectará su sumisión a Dios y su fe al
punto de quitarle su compromiso religioso. 

Le pedimos a Dios que
nos bendiga y nos permita someternos completamente a Él, y que nos cuente
entre Sus amigos cercanos y Sus sinceros adoradores, porque Él es El
Omnioyente, El Inmanente, El que responde las súplicas. Y Allah sabe más.
Que Dios bendiga y otorgue la paz a nuestro Profeta Muhámmed, a su familia y
a sus compañeros”. Fin de la cita. 

Ver Mafahim Ianbagui ‘an
Tusahhah, por el shéij Muhámmad Qutub, pág. 20-23, 174-182; y Al-‘Ubudíyah,
por el shéij Al-Islam Ibn Taimíyah. Este último libro está disponible en
inglés bajo el título “’Uboodiyyah – Being A True Slave of Allaah”,
publicado por Ta-Ha, Londres, Inglaterra.