He oído a uno de los imames en la mezquita decir: “El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Escoge para tus hijas lo que has escogido para tus hijos”. Yo he buscado en todas las referencias y no pude encontrar ningún reporte que contenga este relato tal como el imam dijo. Pienso que puede haber sido un reporte proveniente no del Profeta Muhámmad sino de alguno de sus compañeros. Por favor, aclárenos este asunto. Que Dios se lo recompense con el bien.
Alabado sea Dios
Las hijas son un honor y una confianza que le ha sido
concedida al padre. Indudablemente, ayudarla a escoger un marido honrado y
de buen carácter es una de las más grades formas en la cual el padre las
protege, porque el matrimonio es uno de los eventos de mayor importancia en
la vida de una persona, tanto en el aspecto mundano como en el espiritual,
que tiene el objetivo de llenar su vida de sosiego y felicidad, por lo tanto
es importante al formar una familia escoger a la persona correcta.
El padre sabio es aquél que se esfuerza en lograr estos
nobles objetivos con sus hijas, y que no se siente en paz hasta que se
asegura de que el hombre bajo cuya responsabilidad estará su hija, cuidará
con la misma honestidad y desinterés de su bienestar.
En el Sagrado Corán y en los reportes de la Tradición
Profética hay nobles ejemplos de hombres que han llevado a cabo estos
cuidados con honradez y desprendimiento, sin otra intención que la de
complacer a Dios, y esto fue una fuente de felicidad para ellos también.
Dios nos ha relatado la historia de Moisés (la paz sea con
él), cuando él llegó a la fuente de Madián, y acarreó agua para ayudar a dos
mujeres. Cuando el padre de ellas se dio cuenta que Moisés era un hombre
honrado, le ofreció casarse con alguna de sus hijas.
Dios dijo (traducción del significado):
“Dijo
[el padre de las dos mujeres a Moisés]: Quisiera casarte con una de mis dos
hijas a condición de que trabajes con nosotros durante ocho años, y si
deseas quedarte diez será algo que tú hagas voluntariamente. Ésta no será
una tarea difícil ni pesada; me encontrarás, si Allah quiere, entre los
justos”
(Al-Qásas, 28:27).
En la Tradición Profética tenemos otro ejemplo que fue
narrado por el imam Al-Bujari. Él compiló un reporte (5122) en un capítulo
titulado “Un hombre ofrece a sus hijas o hermanas que se casen con un buen
hombre”. Y An-Nasá’i lo narró (3248) en un capítulo titulado “Un hombre
ofrece a su hija casarse con quien él está complacido”.
Se narró de Ibn ‘Umar que ‘Umar dijo (que Dios esté
complacido con ambos): “El esposo de Hafsah, Junáis Ibn Hudáfah, fue uno de
los compañeros del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él), y estuvo presente en la batalla de Bádr, falleciendo
posteriormente en Medina. Yo conocí a ‘Uzmán Ibn ‘Affán y le ofrecí que se
case con Hafsah. Le dije: “Si lo deseas, yo arreglaré para que te cases con
Hafsah Bint ‘Umar”. Él respondió: “Pensaré en ello”. Pasaron varias noches,
hasta que él me dijo: “Creo que no quiero casarme todavía”. ‘Umar dijo:
“Luego conocí a Abu Bákr y le dije: “Si deseas, yo arreglaré para que te
cases con Hafsah Bint ‘Umar”. Abu Bákr se mantuvo en silencio y no dijo
nada. Yo estaba más perturbado por él que con ‘Uzmán. Varias noches pasaron,
y entonces el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean
con él) le propuso matrimonio, y entonces se acordó que se casara con él.
Luego Abu Bákr se encontró conmigo y me dijo: “Quizás te sentiste perturbado
cuando me ofreciste casarme con Hafsah y yo no te respondí”. Le dije: “Sí”.
Me dijo: “Nada me impedía responderte excepto el hecho de que yo sabía que
el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) la
había mencionado, y yo no quería delatar su secreto. Si él hubiera decidido
no casarse con ella, yo habría aceptado la oferta”.
Al-Háfiz Ibn Háyar dijo, enumerando las lecciones que podemos
aprender de este reporte, en su obra Fáth Al-Bári (9/222):
“De esto aprendemos que un hombre puede gestionar las
propuestas matrimoniales a nombre de un pariente femenino de su familia que
esté bajo su tutela legal, proponiéndole a ella candidatos que él considere
honrados y apropiados, porque este cuidado beneficiará a la mujer, y no hay
vergüenza en ello”. Fin de la cita.
Hay muchos ejemplos en la historia, y entre los mejores de
ellos está el mencionado por Ad-Dahábi en Siyár A’lam an-Nubalá’ (4/23),
sobre Sa’íd Ibn al-Musáiyab cuando ofreció en matrimonio a su hija a su
estudiante Kazír Ibn al-Muttálib, en el cual él dijo: “Yo solía sentarme con
Sa’íd Ibn al-Musáiyab, y luego estuve ausente por unos pocos días. Cuando
volví, él me preguntó: “¿Dónde estuviste?”. Yo le dije: “Mi esposa falleció
y estuve ocupado (con los arreglos del funeral)”. Me dijo: “¿Por qué no nos
avisaste para que pudiéramos ir? (al funeral). Luego de unos momentos de
silencio, me dijo: “¿Has encontrado ya con quién casarte?”. Le respondí:
“Que Dios tenga misericordia de ti, ¿quieres casarme cuando no tengo más que
dos o tres dirhams?”. Dijo: “Sí; puedes casarte con mi hija”. Le pregunté:
“¿Harías eso?”. Me respondió: “Sí”. Luego alabó a Dios y bendijo al Profeta
Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), y me casé con
su hija acordando la dote en dos dirhams, y no sabía qué hacer de tan feliz
que me sentía. Luego volví a casa y comencé a pensar dónde podía conseguir
dinero prestado.
Recé la oración del Mágrib, volví a casa, y estaba ayunando.
Me preparé la cena y rompí mi ayuno con pan y aceite de oliva. Luego alguien
golpeó la puerta y pregunté: “¿Quién es?”. Respondió: “Sa’íd”. Yo pensé en
cualquier persona cuyo nombre fuera Sa’íd excepto el hijo de Musáiyab,
porque en cuarenta años él no había ido a ninguna parte excepto a su casa y
a la mezquita. Salí y vi que era Sa’íd, y lo primero que pensé fue que él o
su hija se habían arrepentido. Le dije: “Oh, Abu Muhámmad, ¿por qué no
enviaste a buscarme para que yo fuera a verte?”. Me respondió: “No, tú
tienes más derecho a que yo venga a verte, porque estabas soltero y ahora te
has casado, y no quería que pasaras la noche solo. Vine a acompañar a tu
esposa”. Y ella estaba de pie detrás de él y era tan alta como él. Luego él
la tomó de la mano y la acompañó hasta el umbral de la puerta, y cerró la
puerta. La mujer se cayó al piso, casi desmayada de vergüenza. Le llegaron
noticias de esto a mi madre, y entonces ella vino y me dijo: “No te volveré
a hablar si la tocas hasta que yo la prepare dentro de tres días”. Entonces
esperé tres días, y luego consumamos el matrimonio. Ella era una de las
personas más bellas que he conocido, había memorizado El Corán y era muy
conocedora de la Tradición Profética”. Fin de la cita.
En el pasado, los hogares musulmanes se llenaban de
felicidad, de conocimiento y de compromiso religioso en esta forma, y la
vergüenza nunca impedía a los hombres honrados gestionar los intereses de
sus hijas o hermanas. Sus actitudes eran la humildad, la generosidad y la
sinceridad.
Quizás los ejemplos mencionados arriba sirvan como lección
para los musulmanes modernos, y para que así sea buscamos la ayuda de Dios.
En segundo lugar, sobre el reporte citado por este predicador
en el cual dice: “Escoge para tus hijas lo que escoges para tus hijos”, este
no es un reporte proveniente del Profeta Muhámmad (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él), y no hemos encontrado nada semejante
narrado de sus compañeros ni de las primeras generaciones. Más bien, se
trata de un proverbio o refrán que la gente suele repetir como una máxima de
sabiduría. Pero aún cuando encierre cierta sabiduría, atribuírselo al
Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)
afirmando que él ha dicho esto es un grave y serio error, y es sobrepasar
los límites de la veracidad y el respeto, pues implicaría decir una mentira
acerca del Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con
él), y él le ha advertido a quien haga eso: “Quien mienta sobre mí a
sabiendas, ha tomado su lugar en el Infierno”. Narrado por Al-Bujari, 110; y
por Muslim, 3.
Y Allah sabe más.
