Quisiera saber las normas islámicas sobre la búsqueda de la fama en este mundo, por ejemplo cuando las personas se describen a sí mismas como inteligentes o genios, o buscan aparecen en televisión y cosas similares.

Yo sé que el individuo no será recompensado por eso, pero ¿es un pecado, es asociar a otros con Dios a pesar de que es una cuestión mundana? Del mismo modo, si ahora soy famoso y mi objetivo es llegar a ser famoso entre las multitudes, ¿puedo cambiar mi intención y hacer que mi fama sea puramente por la causa de Dios, a pesar del hecho de que no fue así en un principio? ¿Puede ser considerada la fama simplemente como un medio para realizar las cosas permitidas, si la uso para fines mundanos que son permisibles y si añado a ella la intención de culto y de acercarme a Dios? ¿Se puede convertir en una obra justa?

Alabado sea Dios 

La búsqueda de la fama es censurable en
todas las circunstancias. El creyente debe ser modesto y humilde, y no debe
buscar ser señalado. Uno de los principales factores que corrompen a la
persona que desea estar en presencia de Dios, es su amor por la fama, por la
prominencia entre la gente y las ansias de liderazgo. 

At-Tirmidhi (2376) registró y clasificó
como auténtico que Ka’b Ibn Málik dijo: “El Mensajero de Dios (la paz y las
bendiciones de Dios sean con él) dijo: «Dos lobos hambrientos en un rebaño
de ovejas no pueden causar más daño que la impaciencia de un hombre por
tener riqueza y fama, que le hacen perder su compromiso religioso». También
clasificado como auténtico por al-Albani en Sahih al-Yami’ (5620). 

El shéij Ibn Taimíyah (que Dios tenga
misericordia de él) dijo: 

“El Profeta (la paz y las bendiciones de
Dios sean con él) explicó que el afán por las riquezas y fama causa daño a
nuestro compromiso religioso, provoca el mismo daño que dos lobos
hambrientos en un rebaño de ovejas, y esto es bastante obvio. Si hay
compromiso religioso no puede haber este afán, porque una vez que el corazón
saborea la dulzura de la fe y el amor de Él, entonces no habrá nada más
querido para el individuo que eso, y Él tendrá prioridad sobre otras cosas.
De esa manera, Dios evita malas acciones y actos vergonzosos de los que son
sinceros ante él”. Fin de la cita  de Maymu ‘al-Fataawa (10/215). 

Este amor por sobresalir y tener fama está
entre las enfermedades ocultas del corazón que pueden causar un gran daño
espiritual, pero la gente casi no presta atención a ello hasta que ha
llegado al extremo, entonces es demasiado difícil de solucionar el problema
y corregir el daño que ha causado. 

El shéij Ibn Taimíyah (que Allah tenga
misericordia de él) dijo: 

“A menudo se da el caso en que las
personas pueden albergar en sus corazones deseos sutiles que podrían
obstaculizar el logro del amor de Dios, la fidelidad y devoción a Él”, como
dijo Shaddád Ibn Aws: “Oh árabes, lo peor que temo para vosotros es la
jactancia y los deseos sutiles”. Le preguntaron a Abu Dawud as-Sijistani:
“¿Cuáles son los deseos sutiles?”. Respondió: “El amor al liderazgo”. Fin de
la cita de Maymu ‘al-Fatáwa (10/214-215). 

Uno de los peores resultados del amor a la
fama y el protagonismo es buscar la alabanza de la gente, se la merezca o
no.

Áhmad (16460) narró que Mo’awiyah (que
Dios esté complacido con él) dijo: “Oí al Mensajero de Dios” (paz y
bendiciones de Dios sean con él) decir: «Tengan cuidado de alabarse el uno
al otro, porque es como una masacre (es decir, fatal)». Clasificado como
auténtico por al-Albani en Sahih al-Yami’ (2674). 

Al-Mannai (que Allah tenga misericordia de
él) dijo: 

“La fama conduce a la auto-admiración y la
arrogancia, es fatal como una masacre, por lo que se asemeja a la misma.
Al-Ghazali (que Allah tenga misericordia de él) dijo: “Si
alguien te hace un favor, y es alguien al que le gusta ser elogiado,
entonces no lo elogies, porque parte de los derechos que tiene el musulmán
sobre uno es que no apruebes sus malas acciones, y buscar el elogio de los
demás es una mala acción. Si ese no es el caso, puedes mostrarle gratitud
para que continúe haciendo el bien”.
Fin de la cita de Faid al-Qadir (3/167).

Por lo tanto Ibrahím Ibn Adham dijo: “El
que alaba a una persona reconocida no está siendo sincero con Dios”.

Fin de la cita de al-‘Izlah wa al-Infirád
(p.126). 

Ibrahím an-Naya’i y al-Hásan al-Basri
dijeron que “…ya es suficiente prueba para una persona ser designada a cargo
de asuntos religiosos o mundanos, a menos que Dios le proteja”. Fin de la
cita de az-Zuhd, por Ibn as-Sirri (2/442). 

Algo similar fue afirmado por Ibn
al-Muhairíz en Tarij Dimashq (33/18). 

En segundo lugar, una vez que entendemos
esto no puede haber ninguna duda de que es más saludable un hombre que
prefiere el anonimato y ser humilde ante los ojos de Dios, y que se abstiene
de buscar la fama y protagonismo, incluso con respecto a los asuntos
mundanos permisibles. 

Muslim (2965) narró que ‘Amir Ibn Saad
dijo: “Saad Ibn Abi Waqqás estaba con sus camellos cuando su hijo ‘Umar vino
a él, y cuando lo vio, Saad dijo: “Me refugio en Dios del mal de este
jinete”. Entonces ‘Umar se desmontó y le preguntó: “Estás ocupado con tus
camellos y ovejas y, ¿qué le queda a la gente que pugna entre sí por la
realeza?”. Saad le golpeó en el pecho y dijo: “¡Cállate! Escuché al
Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) decir:
«Dios ama al seguidor que es piadoso, independiente de medios, y que se
mantiene modestamente anónimo entre la gente». 

An-Nawawi (que Dios tenga piedad de él)
dijo:

«…‘Anónimo entre la gente’ se refiere al
que no está intentando sobresalir, se concentra en el culto religioso y
cuidada con responsabilidad de sus propios asuntos”. Fin de la cita. 

Ibn al-Yawzí (que Dios tenga piedad de él)
dijo:

“Lo que quería decir ‘anónimo entre la
gente’ es que es desconocido para la multitud, porque el que es desconocido
ante la multitud está generalmente a salvo”. Fin de la cita de Kashf
al-Mushkil (pág. 167). 

El Shéij Muhámmed ibn al-‘Uzaimín (que
Allah tenga misericordia de él) dijo:

“El que está ‘anónimo entre la gente’ es
el que no intenta sobresalir y ser conocido, y que no está interesado en ser
prominente delante de las personas, que no tiene la necesidad de que la
gente hable de él. Va a encontrarse solamente con lo que le incumbe, atiende
su casa, concurre a la mezquita, cuida de sus parientes y hermanos,
manteniendo un perfil bajo”. Fin de la cita de Shárh Riad as-Saalihín (pág.
629). 

Al-Fudail Ibn ‘Iyád (que Allah tenga
misericordia de él) dijo:

“Si eres capaz de mantener un perfil bajo
y evitar sobresalir, ¿qué daño haces si no te das a conocer? ¿Qué daño hay
si no hay nadie que te elogie? ¿Qué hay de malo en que la gente piense
incluso mal de ti si eres digno de elogio ante Dios?”. Fin de la cita de
at-Tawaadu ‘wa al-Jumul por Abu Bakr al-Qureishí (pág. 43). 

En tercer lugar, si sucede que una persona
busca hacer buenas obras, ya sea en términos mundanos o religiosos, y se
hace conocida como resultado de eso pero sin haber sido su intención buscar
fama o renombre, entonces no hay nada de malo en ello. Más bien, lo que debe
hacer es corregir su intención cuando hace buenas obras para hacerlas
exclusivamente por la causa de Dios, y luego no debe preocuparse si se hace
famoso o conocido por ello, porque este resultado no fue lo que él buscaba
ni deseaba en primer lugar. Sin lugar a dudas las principales figuras de los
asuntos religiosos y mundanos, inevitablemente alcanzan un cierto nivel de
fama acorde con su situación, lo que logran en la medida en que la gente
acude a ellos. No es prudente, y no está prescrito en el Islam en absoluto,
dejar de hacer buenas acciones y de esforzarse en difundir el bien entre la
gente por temor a ser conocido, porque la persona que se involucra en este
tipo de esfuerzos inevitablemente va a ser famosa entre la gente. 

El shéij Muhámmed ibn al-‘Uzaimín (que
Allah tenga misericordia de él) dijo:

“Si la elección está entre tener perfil
bajo o convertirse en un personaje famoso, entonces en ese caso se debe
optar por mantener un perfil bajo. Pero si no tienes más remedio que darte a
conocer, entonces debes hacerlo mediante la difusión del conocimiento entre
la gente, la creación de clases y círculos de estudio en todas partes y
dando sermones los viernes, en las festividades y en otras ocasiones, porque
eso es algo que Dios, glorificado y exaltado sea, ama”. Fin de la cita de
Shárh Riad as-Saalihín (pág. 629). 

En cuarto lugar, si se da la circunstancia
de que una persona alcanza un cierto grado de fama, ya sea haciendo algo que
no es islámicamente aceptable como el baile o la actuación, o haciendo algo
que es permisible pero su intención se convirtió en algo corrupto y se
sintió motivado por la fama, el protagonismo y liderazgo, lo que debe hacer
es renunciar a lo que está haciendo, a las cosas prohibidas tales como la
realización de canciones indecentes, actuación y similares, y luego
cualquier fama que haya alcanzado como resultado de eso, debe intentar
utilizarla para el bien. Si cree que la gente lo busca y lo toman como un
ejemplo, entonces que sea un buen ejemplo para en la verdad, el conocimiento
beneficioso y las buenas acciones. 

Pero debe esforzarse para advertir sus
emociones y corregir sus intenciones, y que sus actos sean sinceramente por
amor a Dios. El hecho de que la gente le observe es algo que le fue
decretado como consecuencia, sin desearlo o luchar por ello, aun sin
prestarle ninguna atención ni esperar que la gente le tenga una
consideración especial. Lo que debe hacer es esforzarse por hacer que todos
sus actos sean por causa de Dios; debe corregir su intención y no ser
negligente. Sufián az-Zawri (que Allah tenga misericordia de él) dijo:
“Nunca lidié con nada más difícil que mi propia intención; va fluctuando en
mí”. 

Véase también la respuesta a la pregunta
No. 145767

Y Dios sabe más.