Si una calamidad le sucede a un musulmán en su riqueza o salud, ¿cuál es la forma correcta de tratar con esto de acuerdo al Islam?
Alabado sea Allah
En primer lugar, las
calamidades y los desastres son una prueba, y son un signo del amor de Dios
por una persona, porque funcionan como una medicina: que aún si es amarga,
se le da a quien se ama. Y a Dios pertenece la más alta descripción. En un
reporte auténtico dice: “Las más grandes recompensas vienen con las más
grandes pruebas. Cuando Dios ama a una persona, la prueba. Quien acepte eso,
se gana la complacencia de Dios, pero quien esté disconforme con eso, se
gana Su enojo”. Narrado por at-Tirmidhi, 2396; Ibn Máyah, 4031; clasificado
como bueno por al-Albani en Sahih at-Tirmidhi.
Al-Hásan al-Basrí (que
Allah tenga misericordia de él) dijo: “No se resientan con las calamidades y
los desastres que ocurren, porque quizás en algo de lo que les disguste esté
su salvación, y quizás en algo que ustedes prefieran esté su perdición”.
Al-Fádl Ibn Sáhl dijo:
“Hay una bendición en la calamidad que el sabio no debe ignorar, porque
borra los pecados, nos da la oportunidad de alcanzar la recompensa de la
paciencia, disipa la negligencia, nos recuerdan las bendiciones en tiempos
de salud, nos ayuda a arrepentirnos, y nos incentiva a dar en caridad.
A través de la calamidad
el creyente busca recompensa, y no hay forma de lograrla sino a través de la
paciencia, y no hay forma de ser paciencia sino a través de una fe
determinada y una fuerte voluntad.
Recuerden las palabras
del Mensajero (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Cuán
maravillosa es la situación del creyente, porque sus asuntos son todos
buenos, y esto no puede decirse sino del creyente. Si algo bueno le sucede,
es agradecido y eso es bueno para él. Si algo malo le sucede, lo soporta con
paciencia y eso es bueno para él” (Narrado por Muslim, 2999).
Por lo tanto, si una
calamidad le sucede a un musulmán, debe decir ínna lilláhi wa ínna ilaihi
raayi’ún (Verdaderamente, a Dios pertenecemos y a Él retornaremos), y
recitar las súplicas que se han narrado del Profeta (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él).
Cuán maravillosos son
aquellos momentos en los que una persona se vuelve hacia Dios y sabe que Él
solamente es El Único que alivia la angustia y el pesar. Y cuán grande es el
alivio cuando viene luego de las dificultades. Allah dijo (traducción del
significado):
“Y por cierto que os
probaré con algo de temor, hambre, pérdida de bienes, vidas y frutos, pero
albricia a los pacientes [que recibirán una hermosa recompensa]. Aquellos
que cuando les alcanza una desgracia dicen: Ciertamente somos de Allah y
ante Él compareceremos. Éstos son quienes su Señor agraciará con el perdón y
la misericordia, y son quienes siguen la guía” (al-Báqarah 2:155-157).
Muslim (918) narró que
Umm Salamah (que Allah esté complacido con ella) dijo: “Oí al Mensajero de
Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) decir: “No hay un
musulmán golpeado por una calamidad y que dice lo que Dios le ha encomendado
(Verdaderamente a Dios pertenecemos, y hacia Él es nuestro retorno. Oh
Allah, recompénsame por mi aflicción y compénsame con algo mejor que eso),
sin que Dios lo compense con algo mejor (que lo que ha perdido)”. Cuando Abu
Salámah falleció, yo dije: “¿Quién entre los musulmanes es mejor que Abu
Salamah, el primero en emigrar para unirse al Mensajero de Dios? Entonces yo
lo dije, y Dios me compensó con el Mensajero de Dios (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él)”.
En segundo lugar, hay
cosas que, si quien es golpeado por una calamidad piensa en ellas, le
facilitarán sobrellevarla.
En su valioso libro Zaad
al-Ma’ád (4/189-195), Ibn al-Qayím mencionó lo siguiente:
“1 – Si observa lo que le
ha sucedido, encontrará que lo que su Señor le ha permitido conservar es
igual o mejor que lo que perdió, y si es paciente y lo acepta, Dios le
reservará algo muchas veces más grande que lo que ha perdido con esta
calamidad, y si Él quisiera podría haber hecho la calamidad aún mayor.
2 – El fuego de la
calamidad puede extinguirse pensando en aquellos que han pasado cosas
peores. Que mire a su derecha, ¿ve alguna otra cosa sino calamidades?
Entonces, que mire a su izquierda, ¿ve alguna otra cosa que pérdidas? Si
mira a la gente alrededor suyo, no verá otra cosa que gente que está siendo
puesta a prueba, ya sea a través de la pérdida o a través de algo que les
gusta, o a través de cosas que les disgustan. El dolor de este mundo es como
un sueño, o como una sombra pasajera. Si ríes un poco, el llanto es mucho
mayor, y si eres feliz por un día, la miseria abarcó toda una vida, y si has
obtenido lo que querías durante un breve tiempo, el tiempo en que estuviste
privado de ello fue mucho mayor. No hay un día de felicidad al que no le
siga uno de pena. Ibn Mas’ud (que Allah esté complacido con él) dijo: “Por
cada momento de alegría hay un momento de pena, y ninguna casa se llena con
alegría sin que se llene también de pena”. E Ibn Sirín dijo: “No hay risa a
la que no le siga el llanto”.
3 – Debe notarse que el
sentirse aterrado o desesperado no hará que la calamidad desaparezca, sino
que de hecho la hace aún peor.
4 – Debe señalarse que
perder la recompensa por la paciencia rindiéndose, que es la misericordia y
la guía que Dios nos ha garantizado como recompensa por la paciencia y por
volverse hacia Él (diciendo ínna lilláhi wa ínna ilaihi raayi’ún
(Verdaderamente, a Dios pertenecemos y a Él retornaremos)), es peor que la
calamidad misma.
5 – Debe señalarse
también que el pánico nos convierte en enemigos de la alegría y nos hace
amigos de la tristeza; hace que Dios se enoje con nosotros y que Satanás se
alegre por nuestra desgracia; destruye la recompensa y debilita la voluntad.
Si uno es paciente, busca la recompensa, se esfuerza en complacer a Dios, se
hace amigo de la alegría y la satisfacción y enemigo de la tristeza, busca
aliviar las cargas de sus hermanos y consolarlos antes de que ellos lo
consuelen a uno, esto es un signo de firmeza y de perfección del carácter, y
no eso de abofetearse las mejillas, rasgarse las vestiduras y desear la
muerte estando descontentos con el decreto divino.
6 – Debe notarse que lo
que viene después de ser paciente y buscar la recompensa, es el placer y la
alegría, que es muchas veces más grande que lo que podríamos haber tenido si
hubiéramos conservado aquello que perdimos. Es suficiente “la casa de las
delicias” que se le construirá para él en el Paraíso como recompensa por
alabar a su Señor y volverse hacia Él (diciendo ínna lilláhi wa ínna
ilaihi raayi’ún (Verdaderamente, a Dios pertenecemos y a Él
retornaremos)). Por lo tanto, que decida entonces cuál de las dos
calamidades es mayor: una calamidad en este mundo, o la calamidad de perder
la casa de las delicias en el Paraíso eterno. At-Tirmidhi narró un reporte
marfu’: “En el Día de la Resurrección la gente deseará que su piel hubiera
sido cortada con tijeras en este mundo, cuando vean las recompensas de
aquellos que fueron golpeados por las calamidades”. Y uno de los rectos
sucesores dijo: “Si no fuera por las calamidades de este mundo, llegaríamos
con las manos vacías al Día de la Resurrección”.
7 – Hay que señalar
también El Único, Quien lo está probando es El Más Sabio y El Más
Misericordioso, y que Él, glorificado y exaltado sea, no le envía esta
calamidad para destruirlo ni causarle dolor ni acabar con él, sino que más
bien está evaluándolo, testeando su paciencia, su sumisión a Él y su fe;
esto es así para que Él pueda oír sus súplicas y pueda verlo de pie ante Él,
buscando Su protección, lleno de humildad y presentándole sus quejas ante
Él.
8 – Debe señalarse
también que si no fuera por las pruebas y las tribulaciones de este mundo,
los seres humanos desarrollarían un sentido de arrogancia, auto-admiración,
o una actitud de insensibilidad en su corazón que los conduciría a su
perdición en este mundo y en el Más Allá. Esto es un signo de la
misericordia del Más Misericordioso, Quien nos evalúa de tanto en tanto con
el remedio de las calamidades para protegernos de estas enfermedades del
corazón, para mantener nuestra sumisión y actitud de sana servicialidad, y
para eliminar todos los malos elementos de nuestra personalidad que puedan
conducir a nuestra condenación. Gloria al Único, Quien muestra misericordia
a través de las pruebas, y prueba a través de las bendiciones, como se ha
dicho: “Dios puede bendecirnos con calamidades aún si son duras, y puede
probarnos aún con facilidades”.
9 – También debe
señalarse que la amargura de este mundo es la esencia de la dulzura en el
Más Allá, como Dios convertirá al primero en el segundo. De la misma manera,
la dulzura de este mundo es la esencia de la amargura en el Más Allá. Es
mejor transitar por una amargura temporaria hacia la eterna dulzura, que
cualquier otro camino. Si esto todavía no es lo suficientemente claro,
entonces se debe pensar en lo que el Profeta (que la paz y las bendiciones
de Allah sean con él) dijo: “El Paraíso está rodeado de dificultades, y el
Infierno está rodeado de deseos”. Fin de la cita.
Segundo, en muchos
casos, si una persona responde bien a una calamidad, los demás entienden que
esto es una bendición y un don, y no una prueba.
El Shéij al-Islam Ibn
Taimíyah (que Allah tenga misericordia de él) dijo: “Una calamidad que te
hace volverte hacia Dios es mejor para ti que una bendición que te hace
olvidar el recuerdo de Dios”.
Sufián dijo: “Aquello
que le desagrada a una persona puede ser mejor para ella que lo que desea,
porque aquello que le desagrada lo hace invocar a Dios, mientras que aquello
que le agrada lo vuelve desatento”.
Ibn Taimíyah (que Allah
tenga misericordia de él) consideró su encarcelamiento como una bendición
que le habían causado sus enemigos.
Ibn al-Qayím dijo: “Un
día él (su maestro, Ibn Taimíyah) me dijo: “¿Qué pueden hacerme mis
enemigos? Mi jardín está en mi corazón; donde sea que yo vaya, está conmigo
y nunca me abandona. Mi arresto es reclusión (es decir, una oportunidad para
profundizar en la adoración), que me maten significaría el martirio, y ser
expulsado de mi ciudad sería un viaje”.
Él solía decir de su
detención en la capital: “Si yo fuera a gastar la totalidad de esta ciudad
en oro, no sería suficiente para expresar mi gratitud por esta bendición”. O
dijo: “Eso no sería suficiente para recompensarles por lo que me han traído
de bien”.
Cuando fue encarcelado,
solía decir cuando estaba postrado: “Oh Allah, ayúdame a recordarte, a
agradecerte y a adorarte como Te mereces. Dios lo quiso”. Ibn Al-Qayím dijo:
“Él me dijo un día: “quien está realmente preso es quien tiene su corazón
lejos de Dios, y el verdadero prisionero es el que está preso de sus deseos
y caprichos”. Cuando entró en la capital y estaba dentro de sus muros, la
miró y dijo: “Entonces, un muro será puesto entre ellos, con una gran puerta
en él. Dentro estará la misericordia, y fuera estará el tormento” (al-Hadíd
57:13). Dios sabe que yo nunca vi a nadie que estuviera más contento con su
vida que él, a pesar de todas las dificultades que experimentó, de la falta
de lujos y confort, de hecho vivió en la situación opuesta a eso; y a pesar
del cautiverio, las amenazas y el cansancio que tuvo que afrontar; a pesar
de todo eso, él fue de las personas más felices en este mundo, el más
contento, el más animado, el más satisfecho. Uno podía ver los signos de su
alegría y felicidad en su rostro. Cuando teníamos miedo y estábamos
esperando alguna calamidad, y no teníamos a dónde ir, íbamos con él y tan
pronto como lo veíamos y oíamos su voz, nuestros temores desaparecían y eran
reemplazados por contentamiento, optimismo, certidumbre y tranquilidad.
Gloria a Quien mostró a algunos de Sus servidores Su Paraíso antes de que se
reunieran con Él, y abrió sus puertas para ellos cuando estaban todavía en
este mundo de acciones, para que algo de su brisa y fragancia los alcance y
los haga dedicar más sus energías a buscarlo y rivalizar en alcanzarlo”. Fin
de la cita.
Al-Wábil as-Sayíb (p. 110).
