En la obra Sunan at-Tirmidi (2899) se ha narrado que Ibn ‘Abbás (que Dios esté complacido con él) dijo: “Uno de los compañeros del Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dispuso su carpa sobre un lugar, y no se dio cuenta de que allí había una tumba. Luego para su sorpresa oyó a un hombre adentro recitando el capítulo Al-Mulk hasta el final. Luego fue a ver al Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y le dijo: “Oh, Mensajero de Dios, puse mi tienda en un lugar y no me di cuenta de que allí había una tumba, y luego para mi sorpresa oí a alguien adentro recitando el capítulo Al-Mulk entero”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Se trata del protector, es el salvador, es quien lo salvará del castigo de la tumba”. ¿Significa esto que los justos y amigos de Dios están concientes en sus tumbas y pueden recitar versos del Sagrado Corán y otras cosas que nosotros podemos oír, y que quizá ellos pueden oír lo que nosotros decimos? Estoy confundido, porque esto es lo que los sufíes y especialmente los barelawis dicen, y por lo cual la gente cree que los fallecidos pueden oírlos y ayudarlos.
Alabado sea Dios
En primer lugar, este reporte fue narrado por
at-Tirmidi (2890); por al-Baihaqi en Ash-Shu’ab (2280); por at-Tabarani en
Al-Mu’jam al-Kabir (12801); y por Abu Nu’aim en Al-Hiliah (3/81), a través
de Iahia Ibn ‘Amr Ibn Malik an-Nukri, de su padre, de Abu al-Yawza’, de Ibn
‘Abbás (que Dios esté complacido con él), quien dijo: “Uno de los compañeros
del Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)
armó su tienda en un lugar y no sabía que allí había una tumba. Luego para
su sorpresa, él oyó a un hombre adentro recitando el capítulo Al-Mulk hasta
el final. Fue entonces a ver al Profeta Muhámmad (que la paz y las
bendiciones de Allah sean con él) y le dijo: “Oh, Mensajero de Dios, puse mi
tienda en un lugar y no me di cuenta de que allí había una tumba, y luego
para mi sorpresa oí a alguien adentro recitando el capítulo Al-Mulk hasta el
final”. El Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con
él) le dijo: “Es el protector, es el salvador, es quien lo salvará del
castigo de la tumba”. Al-Baihaqi dijo: “fue narrado sólo por Iahia Ibn ‘Amr,
y no es un narrador fuerte”. Fin de la cita.
Las características de este Iahia fueron
descriptas por Ibn Ma’ín, por Abu Zar’ah, por Abu Dawud, por an-Nasá’i y por
ad-Dulabi, quienes lo señalaron como un narrador débil. Al-‘Uqaili dijo:
“Este reporte no es para seguirlo”. Áhmad Ibn Hánbal dijo: “Su reporte no
tiene valor”. As-Sayi dijo: “Su reporte es rechazable”. Fin de la cita de
Tahdíb at-Tahdíb, 11/260.
Su padre, ‘Amr Ibn Malik an-Nukri, fue
mencionado por Ibn Hibbán, donde dijo: “Su reporte, aparte de aquellos que
fueron narrados de él por su hijo, se los considera extraños”. Fin de la
cita de Tahdíb at-Tahdíb, 8/96.
Por consiguiente, este reporte es débil y no
puede ser citado como evidencia. Fue clasificado como débil por al-Baihaqi,
por al-Albani en Da’if Sunan at-Tirmidi. Al-Mubarakfuri (que Allah tenga
misericordia de él) dijo: “Su cadena de transmisión incluye a Iahia Ibn ‘Amr
Ibn Malik, que es una cadena débil”. Fin de la cita de Tuhfat al-Ahwadi,
8/161.
Con respecto a las palabras ‘Es el protector,
es el salvador, es quien lo salvará del castigo de la tumba’, han sido
narradas en un reporte aceptable como palabras atribuidas a Ibn ‘Abbás (que
Dios esté complacido con él), reporte que fue narrado y clasificado como
auténtico por al-Hakim y ad-Dahabi.
En segundo lugar, los justos y los amigos de
Dios, los profetas, los mártires y los piadosos, se dice que están
concientes en sus tumbas en el sentido de que están vivos en el Más Allá,
que es una vida muy distinta a nuestra vida en este mundo. No podemos
ofrecer ninguna similitud en un intento para comprender cómo exactamente es
esto, cuya naturaleza real sólo es conocida por Dios.
Los eruditos del Comité Permanente de
Jurisprudencia Islámica de Arabia Saudita dijeron: “La vida de los profetas,
de los mártires y del resto de la gente justa y honrada, es algo cuya
naturaleza exacta no conoce nadie excepto Dios. No es como la vida que las
personas tenemos en este mundo”. Fin de la cita de Fatáwa al-Láynah
ad-Dá’imah, vol. I (1/173-174).
Consulta también la respuesta a la pregunta
No. 148285.
En tercer lugar, no hay ningún texto
auténtico que indique que las personas justas que han fallecido vayan a leer
el Sagrado Corán en sus tumbas como para que algún musulmán pueda afirmar
eso sin conocimiento. Las cosas que la gente dice acerca de sueños que
tratan acerca de este tópico, o que pasaron cerca de la tumba de Fulano y lo
escucharon recitando el Sagrado Corán, no pueden ser tomadas como pruebas,
porque su relato en sí mismo no puede considerarse como una evidencia aún si
estuvieran diciendo la verdad. Es posible que la persona que esté diciendo
esto esté mintiendo, o es posible que esté imaginando algo que en realidad
no ha sucedido. Es posible que Satanás le haya mostrado eso o algo similar
en un sueño, y en tal caso la persona está confundida y confundiendo a los
demás. Con respecto a la vida en el Más Allá, como mencionamos antes, nadie
conoce su verdadera naturaleza excepto Dios.
En cuarto lugar, el principio básico es que
los fallecidos no pueden oír las palabras que decimos, así como los vivos no
sabemos nada acerca de la situación de las personas fallecidas, excepto lo
poco que se ha narrado en textos auténticos al respecto, porque la vida en
el Más Allá es uno de los aspectos de lo oculto, lo cual nadie excepto Dios
conoce.
Uno puede pasar por donde están las tumbas de
los idólatras y no sentir que alguien está allí, ni oír ningún sonido de
ellos, cuando de hecho están siendo castigados en sus tumbas.
Una persona justa y honrada puede ser
enterrada cerca de un malhechor, y Dios puede tener misericordia del hombre
justo y honrado y hacer su estancia en el Más Allá más espaciosa e iluminada
para él, y puede ser para él incluso como uno de los jardines del Paraíso,
mientras Él está castigando al malhechor haciendo que su tumba se estreche
sobre él, y se asemeje a uno de los agujeros del Infierno. Y sin embargo,
ninguna de estas condiciones se mezclan, aun si las tumbas están una al lado
de la otra, y nadie sería conciente de la realidad que subyace detrás de
ellas.
Con respecto a que ellos puedan oír y saber
sobre cosas de este mundo, no hay evidencia para afirmar nada de eso en
ningún texto de la Revelación islámica, ni tampoco desde el punto de vista
racional. Pero aún más falso y delirante es el punto de vista de que ellos
no sólo pueden oír nuestras súplicas sino que pueden responderlas, haciendo
algo para ayudarnos.
El Comité Permanente de Jurisprudencia
Islámica de Arabia Saudita dijo: “Los fallecidos en general, incluyendo al
Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él), no
pueden oír a quienes los invocan y menos aún responderles. Esto es algo que
Dios ha afirmado, cuando Dios dijo (traducción del significado):
“Tú no puedes hacer que los muertos [de
corazón] oigan, ni que los sordos escuchen la prédica cuando rechazan la
Verdad” (An-Náml, 27:80).
Con respecto a lo que se ha mencionado en las
dos obras de reportes más auténticos (al-Bujari y Muslim), Dios sabe mejor
cuál es la naturaleza de lo que se habla en estos reportes. Tal es el caso
acerca del fallecido cuando es colocado en su tumba, y el Profeta Muhámmad
(que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo: “Él puede oír el
sonido de sus sandalias cuando se dan vuelta para irse y dejarlo”. También
es el caso en que el Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él) dijo al idólatra abatido en la batalla de Bádr, luego de que
sus cuerpos fueron arrastrados y arrojados en la fuente seca de Bádr, cuando
él les dijo: “¿Han encontrado ya lo que Dios les ha prometido?”, y agregó:
“Ellos pueden escuchar lo que les estoy diciendo”. También lo que los
fallecidos pueden oír de los dos ángeles cuando son colocados en sus tumbas,
y estos ángeles les preguntan acerca de su religión, de si han recibido un
enviado, etc. Al igual que otros textos que se han narrado en la Tradición
Profética.
Lo que estamos tratando de decir es que los
fallecidos no pueden oír lo que se les dice como regla general, sino que son
en circunstancias específicas cercanas a su entierro en que ellos pueden oír
lo que alguien en particular les dice, con el permiso de Dios. Pero Dios
sabe mejor.
El hecho de que un fallecido escuche algo que
una persona viviente le dice no puede traerle ningún beneficio ni ningún
daño a ninguno de los dos, porque nadie tiene poder sobre ellos excepto
Dios, glorificado y exaltado sea.
Con respecto a lo que se ha narrado de que el
Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) dijo:
“Nadie me envía los saludos de paz sin que Dios me devuelva el alma para que
yo pueda responder este saludo”, esto es algo que Dios le concedió sólo a
alguien como él, y nada de esto indica que el Profeta Muhámmad (que la paz y
las bendiciones de Allah sean con él) pueda beneficiar o perjudicar a la
persona viviente que hace eso, excepto por la recompensa que Dios,
glorificado y exaltado sea, decide concederle a quien le envía sus
bendiciones a Su Profeta (que la paz y las bendiciones de Allah sean con
él). Por lo tanto, ningún musulmán debe pedirle nada al Profeta Muhámmad
(que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando esté frente a su
tumba, ni que resuelva problemas, ni que satisfaga ninguna de nuestras
necesidades. Sus compañeros (que Dios esté complacido con ellos) no le
pidieron tales cosas, y esto es una muestra evidente de que hacerlo no era
permisible”. Fin de la cita de Fatáwa al-Láynah ad-Dá’imah, vol. II
(2/456-457).
El Shéij Muhámmed ibn al-‘Uzaimín (que Allah
tenga misericordia de él) dijo: “El fallecido no puede oír si es invocado,
por lo tanto no puede responder en ninguna forma a quien lo invoca. Esto es
lo que significa el verso en que Dios dijo (traducción del significado):
“Tú no puedes hacer que los muertos [de
corazón] oigan, ni que los sordos escuchen la prédica cuando rechazan la
Verdad” (an-Naml, 27:80)”. Fin de la cita de Fatáwa Nur ‘ala ad-Dárb,
por el Shéij Muhámmed ibn al-‘Uzaimín.
Para más información, por favor consulta las
respuestas a las preguntas No. 128322 y
153666.
En quinto lugar, muchas sectas sufis y
especialmente los barelawis están lejos del camino que el Profeta Muhámmad
(que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) enseñó, y siguen
tradiciones inventadas que en muchos casos van en contra de la Tradición
Profética.
Para más información sobre ellos y nuestra
actitud hacia ellos, por favor consulta la respuesta a la pregunta No.
118693. Para más información sobre los barilawis y
sus creencias, por favor consulta la respuesta a la pregunta No.
1487.
Y Allah sabe más.
