Yo quisiera saber cómo solía dormir el Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él). ¿Dormía en una cama o dormía en el piso? ¿Solía recitar alguna súplica específica cuando se iba a dormir?
Alabado sea Dios
El Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él) solía dormir en ocasiones sobre un colchón, a veces sobre una
pieza de cuero, y a veces sobre una esterilla de hojas de palmera. A veces
dormía sobre el suelo, a veces dormía en una cama, a veces dormía sobre la
arena, y en ocasiones dormía envuelto en una capa negra.
‘Abbád Ibn Tamím dijo, narrándolo de sus tíos paternos: “Vi
al Mensajero de Dios (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él)
recostado sobre su espalda en la mezquita, poniendo una pierna sobre la
otra”. Narrado por Al-Bujari, 475; Muslim, 2100.
Su colchón estaba hecho de cuero relleno con fibras de
palmera, y tenía una rústica prenda de lana que él doblaba una vez sobre sí
misma y dormía sobre ella. Entonces dormía así sobre el colchón y se cubría
con una manta.
En una ocasión le dijo a alguien: “Gabriel nunca vino a
visitarme mientras yo estaba bajo las sábanas con alguna de mis esposas
excepto cuando estaba con ‘Aa’ishah”. Narrado por al-Bujari, 3775,
Su almohada también estaba hecha de cuero relleno con hojas
de palmera.
Cuando él se iba a dormir decía: “Allahúmma bismika ahia wa
amut (Dios nuestro, en Tu nombre vivo y muero)”. Narrado por al-Bujari,
7394.
Él solía colocar sus manos juntas y soplar en ellas, y
recitar los últimos tres capítulos del Corán, y luego se frotaba las manos
sobre el cuerpo tanto como podía, comenzando con la cabeza y el rostro y la
parte delantera de su cuerpo. Él hacía esto tres veces.
También se sabe que solía dormir sobre su lado derecho,
poniendo su mano derecha debajo de la mejilla, y luego decía: “Allahúmma
qini ‘adhábaka iawma tab’az ‘ibádaka (Dios
nuestro, protégeme de Tu castigo en el Día en que Tú resucites a Tus
servidores)”.
Cuando se iba a dormir también solía decir: “Al hámdu lilláh
al-ladí at’ámana wa saqánaa wa kafánaa wa aawánaa fakam mímman la káfi lahu
wa la mu’wi (Alabado sea Dios, Quien nos alimenta y nos da de beber, Quien
nos provee y nos da refugio, porque cuántos hay que no tienen quien les
provea o quien les refugie)”. Esto fue narrado por Muslim, quien también
narró que él solía decir cuando se iba a dormir: “Allahúmma Rább
as-samáwaati wa al árd wa Rabb al ‘arsh il ‘adhím, Rábbanaa wa Rabba kúlli
shai’in, Fáliq al hább wa’l-nawa wa munzil al-Tawráti wa al-Injíli wa
al-Furqán, a’udu bika min shárri kúlli shai’in anta ájidun bi naasiyátihi.
Allahúmma anta al áwwal fa laisa qáblaka shai’un, wa anta al ákhir fa laisa
ba’daka shai’un, wa anta al Záhir fa laisa fawqaka shai’un wa anta al Batín
fa laisa dunaka shai’un. Iqdi ‘annaa ad-daina wa aghninaa min al-faqri”
(Dios nuestro, Señor de los siete cielos y del exaltado Trono, Dios nuestro
y Señor de todas las cosas, Aquel que hiende la semilla y el carozo del
dátil, revelador de la Torá, del Evangelio y del Corán, busco refugio en Ti
del mal de todas las cosas, cosas que Tú tienes bajo Tu poder. Dios nuestro,
Tú eres el primero y por lo tanto no hay nadie antes de Ti, y Tú eres el
último, y por lo tanto no hay nada después de Ti. Tú eres el Grandioso, y no
hay nada por encima de Ti, y Tú eres el Inmanente, y no hay nada más cercano
que Tú. Arregla nuestras deudas por nosotros y dispénsanos de la pobreza)”.
Narrado por Muslim.
Cuando se despertaba, solía decir: “Al hámdu Lillaah al-ladí
ahiána ba’d ma amátana wa ilaihi al-nushur (Alabado sea Dios Quien nos ha
traído a la vida después de haber causado que estuviéramos muertos, y hacia
Él es nuestra resurrección)”. Narrado por al-Bujari, 6312. Luego limpiaba
sus dientes usando el palillo, y recitaba los últimos diez versos del
capítulo Aal ‘Imrán, desde el verso (traducción del significado):
“Ciertamente, en la creación de los cielos y la Tierra y
en la sucesión de la noche y el día hay signos para los dotados de
intelecto….”. (Aal ‘Imrán, 3:190-200).
Él también solía decir: “Allahumma laka al-hamd anta nur
as-samáwati wa’l-ard wa man fihínna, wa laka al hámd anta qayím us-samáwati
wa al árd wa man fihínna, wa laka al hámd anta al Haqq wa wa’duka al Haqq wa
liqá’uka haqq wa al yánnatu haqq wa an-naru haqq wa an-nabiyuna haqq wa
Muhammadun haqq wa as-sá’atu haqq. Allahúmma laka aslamtu wa bika aamántu wa
‘alaika tawákkaltu wa ilaika anabtu wa bika jaasamtu wa ilaika hákamtu,
faghfir li ma qaddámutu wa ma ajartu wa ma asrartu wa ma a’lantu, anta
iláhi, la iláha illa anta (Dios nuestro, para Ti es la alabanza, Tú eres la
luz de los cielos y la Tierra y de todo lo que hay en ellos. Contigo sea la
alabanza, Tú eres el sustentador de los cielos y de la Tierra y de todo lo
que hay en ellos. Para Ti es toda alabanza, Tú eres la Verdad, Tu promesa es
verdadera, el encuentro contigo es cierto, el Paraíso es cierto, el Infierno
es cierto, los profetas son ciertos, Muhámmad es cierto y la Hora Final es
verdadera. Dios nuestro, a Ti me someto, en Ti creo, en Ti pongo mi
confianza, ante Ti me arrepiento, por Tu ayuda yo me esfuerzo, y en Tus
manos dejo el juicio de todos mis asuntos, por lo tanto perdóname por mis
pecados pasados y futuros, por lo que hago en secreto y por lo que hago
abiertamente. Tú eres mi Dios y no hay más divinidad que Tú)”.
Narrado por al-Bujari, 1120.
Se registró también que él solía dormir durante la primera
parte de la noche y levantarse a rezar durante la última parte. A veces se
quedaba despierto hasta tarde resolviendo o gestionando algún asunto de
interés para los musulmanes. Sus ojos dormían, pero su mente no. Cuando
dormía, sus compañeros no lo despertaban, sino que era él quien despertaba a
los demás.
Cuando se detenían a descansar por la noche durante algún
viaje, él se recostaba sobre su lado derecho, y si se detenía a descansar
justo antes de la aurora, cubría su cabeza con su antebrazo, descansando
sobre la palma de su mano. Esto fue narrado por At-Tirmidi.
Su sueño era del largo más apropiado y el más beneficioso. La
medicina en la actualidad dice que el sueño más apropiado es el de un tercio
de la noche y el día, es decir de ocho horas.
