Es bien sabido entre los musulmanes que Dios reveló los Evangelios a Jesús (la paz sea con él), pero cuando he estudiado algunas cosas sobre el cristianismo, ellos no dicen que los Evangelios hayan sido traídos por el Mesías. Más bien, ellos afirman que fueron escritos por sus discípulos después de su crucifixión (o después de que fuera elevado a los cielos, como afirma el Corán). ¿Cómo podemos reconciliar ambos puntos de vista?
Alabado sea Dios
No hay contradicción entre ambos puntos de vista, como para
que tengamos la necesidad de preguntarnos cómo reconciliarlos. Más bien, la
razón por la cual al parecer te has confundido es que estás mezclando dos
cosas en que creemos y que ambas son ciertas, alabado sea Dios.
La primera es que el Evangelio fue revelado a Jesús por el
Creador. Creer que Dios reveló un Libro a Su profeta Jesús y que ese Libro
fue el Evangelio (en árabe Inyil), son principios básicos de la fe
musulmana.
Dios dijo (traducción del significado):
“El Mensajero y sus seguidores creen en lo que le fue
revelado por su Señor. Todos creen en Allah, en Sus Ángeles, en Sus Libros y
en Sus Mensajeros. No hacemos diferencia entre ninguno de Sus Mensajeros. Y
dicen: Oímos y obedecemos. Perdónanos Señor nuestro, pues ciertamente a Ti
volveremos” (Al-Báqarah, 2:285).
El Profeta Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Allah
sean con él) le dijo al arcángel Gabriel, cuando él le preguntó
retóricamente acerca de la fe, como menciona el reporte bien conocido: “La
fe significa creer en Dios, en Sus ángeles, en Sus Libros, en Sus
mensajeros, en el Último Día, y en el Decreto Divino, sea favorable o
desfavorable”. Consensuado por los sabios.
Y Dios dijo (traducción del significado):
“¡Oh, creyentes!
Creed en Allah, en Su Mensajero, en el Libro que fue revelado
a Su Mensajero y en el Libro que fue revelado anteriormente. Quien no crea
en Allah, en Sus Ángeles, en Sus Libros, en Sus Mensajeros y en el Día del
Juicio, se habrá desviado profundamente. 137. Por cierto que quienes crean y
luego renieguen, después vuelvan a creer y luego renieguen otra vez
incrementando su incredulidad, Allah no ha de perdonarles ni guiarles”
(An-Nisá’, 4:136-137).
“Por cierto que quienes no creen en Allah ni en Sus
Mensajeros y pretenden hacer distinción entre [la fe en] Allah y Sus
Mensajeros diciendo: Creemos en algunos y en otros no, intentando tomar un
camino intermedio, son los verdaderos incrédulos. Y a los incrédulos les
tenemos reservado un castigo denigrante” (An-Nisá’, 4:150-151).
El segundo problema es acerca de los Evangelios que los
cristianos tienen en la actualidad. Los musulmanes creemos que este libro no
es una copia fiel del que fue revelado originalmente al Mesías Jesús, y que
ha sido adulterado por los monjes a lo largo de los siglos, como también es
el caso de muchas otras escrituras sagradas originalmente reveladas. Incluso
los cristianos no creen que la Biblia que tienen actualmente fuera
originalmente revelada por Dios en esa forma, ni mucho menos afirman que el
Mesías haya escrito los Evangelios, ni siquiera que hayan sido escritos
durante su vida.
El imam Ibn Hazm (que Allah tenga misericordia de él) dijo en
Al-Fasl fi al-Milal, 2/2:
“No es necesario que nos esforcemos mucho para demostrar que
los Evangelios y el resto de los libros que los cristianos tienen compilados
en la Biblia no son una revelación directa de Dios ni provienen del Mesías
Jesús (la paz sea con él), como sí necesitaríamos hacerlo con respecto a la
Torá y a los libros que los judíos atribuyen a los profetas, porque los
judíos sí afirman que la Torá que ellos tienen fue revelada directamente por
Dios al profeta Moisés (la paz sea con él), por lo tanto es necesario
presentar alguna prueba para refutar o poner en duda sus afirmaciones. Pero
en el caso de los cristianos, ellos mismos se han encargado de poner en duda
la autenticidad o al menos la integridad histórica de los Evangelios, porque
ellos no creen que estos Evangelios fueran una revelación directa de Dios al
Mesías Jesús (la paz sea con él), o que el Mesías los haya escrito. Todos
ellos, desde el más humilde de los monjes hasta los reyes, desde los
nestorianos, los jacobitas o los maromitas hasta los ortodoxos, todos están
de acuerdo en que se trata de cuatro relatos históricos escritos por cuatro
hombres en momentos diferentes. El primero de ellos es el relato de Mateo,
que fue supuestamente discípulo de Jesús, iniciado aparentemente nueve años
después de que el Mesías desapareció del mundo. Él lo escribió en hebreo,
estando en Judea, Palestina, y consta aproximadamente de 28 páginas del
tamaño de un manuscrito mediano.
El siguiente relato fue escrito por Marcos, un discípulo de
Simón Ben Yuna, más conocido como Pedro, discípulo del Mesías, 22 años
después de que el Mesías Jesús (la paz sea con él) dejara el mundo. Lo
escribió en griego estando en Antioquia, en tierras del Imperio Bizantino.
Algunos afirman que fue Pedro quien lo escribió, y que luego se lo atribuyó
a su discípulo Marcos. Consta de 24 páginas del tamaño de un manuscrito
mediano.
El tercer relato fue escrito por Lucas, un médico de
Antioquia que también fue discípulo de Simón Pedro. Él lo escribió en griego
después de que Marcos había escrito su relato, y es similar en tamaño al
Evangelio de Mateo.
El cuarto relato fue escrito por Juan, el hijo de Zebedí,
otro discípulo del Mesías, sesenta y tantos años después de que el Mesías
había dejado el mundo. Fue escrito en griego, y ocupa 24 páginas del tamaño
de un manuscrito mediano”. Fin de la cita.
El shéij Ibn Taimíyah dijo en Al-Yawáb as-Sahih (3/21):
“Los Evangelios que tienen los cristianos actualmente son
cuatro, el de Mateo, el de Marcos, el de Lucas y el de Juan. Ellos están de
acuerdo en que Lucas y Marcos nunca vieron al Mesías, pero sí le conocieron
Mateo y Juan. Estos cuatro relatos que ellos llaman Evangelios, cada uno de
los cuales ellos conocen como un Evangelio, fueron escritos años después de
que el Mesías (la paz sea con él) había dejado este mundo.
En ningún caso ellos afirman que estos Evangelios fueran la
palabra revelada de Dios entregada directamente por el Mesías Jesús, sino
que más bien ellos narraron algunas de las cosas que dijo el Mesías, algunos
de sus actos y de sus milagros”. Fin de la cita.
Incluso de los libros que fueron escritos originalmente por
Mateo, Marcos, Lucas y Juan años después de que el Mesías dejó este mundo,
no se conserva ninguna copia original. Las versiones originales de estas
copias se perdieron hace mucho tiempo, y las existentes hoy en día difieren
entre sí.
Ibn Hazm dijo:
“No hay disputa entre los cristianos acerca del hecho de que
sólo 120 hombres creyeron en el Mesías durante su vida…, y que todos los que
creyeron en él lo ocultaron, tanto durante la vida del Mesías como después,
por miedo a ser perseguidos y asesinados. Ellos convocaron a la nueva fe y
religión en secreto, no abiertamente, porque cuando eran apresados eran
ejecutados. No hubo lugar donde ellos pudieran estar seguros durante 300
años.
Durante este período, los Evangelios que habían sido
originalmente revelados por Dios desaparecieron, y de ellos no se
conservaron más que unos pocos versos. Luego, cuando el emperador romano
Constantino decidió apoyar el cristianismo, los cristianos comenzaron a
prevalecer frente a otras comunidades y a practicar su religión
abiertamente.
Si una religión se gesta de esta forma, con sus seguidores
practicándola en secreto y viviendo constantemente en el temor bajo la
amenaza de la espada, es imposible que puedan preservar sus escrituras
sagradas y transmitirlas de generación en generación mediante una cadena de
transmisión ininterrumpida que pueda ser examinada por los historiadores
posteriores. Ninguno de ellos puede evitar ni asegurar que sus escrituras no
sean cambiadas, adulteradas o distorsionadas por intereses personales o
rivalidades políticas”. Fin de la cita de Al-Fasl, 2/4-5.
Además de esta enorme interrupción en la cadena de
transmisores, que duró por más de 3 siglos, las copias existentes de los
Evangelios no permanecen en el idioma en que originalmente fueron escritas,
sino que se trata de traducciones, y a veces traducción de traducciones,
realizadas por personas cuya honestidad y nivel de conocimiento del idioma
que traducían es desconocido.
Las contradicciones presentes en estos libros y sus falencias
están entre la evidencia más fuerte de que han sido distorsionados y que ya
no son los Evangelios originales que Dios reveló al Mesías (la paz sea con
él). Dios ciertamente dijo la verdad cuando dijo (traducción del
significado):
“Si no procediera de Allah habrían encontrado en él
numerosas contradicciones” (An-Nisá’, 4:82).
Y Allah sabe más.
